Thomas Hampson llegó a Madrid por desembarco. Su americana corpulencia, su belleza cinematográfica de hombretón y su escénica simpatía, como la ferocidad de los gurkas británicos, el tercio español, o sus compatriotas los marines, son cualidades principales en las que se asienta la fama que precede su llegada pero en este caso, en lugar de fomentar la deserción, asegura llenos de público y expectación. «Y además parece que canta». Esa, al menos, era la esperanza.Salió el barítono al escenario un poco confundido y con unas canciones sobre textos de Heine del De Schwanengesang de Schubert a las que dio una interpretación desorientada mostrando tanta voz como dificultades para controlarla. Una extraña pronunciación alemana.y una preocupante opacidad en los medios se desvelaron en la primerísima de las canciones, Der Atlas, de la serie…
Comentarios