Me atrevería a calificar de acto de valentía la decisión de Alfonso Aijón de programar en su ciclo de Ibermúsica el estreno en España de la obra cumbre de un compositor inglés muy poco conocido entre nosotros, aunque sea con intérpretes de gran renombre internacional. Claro que se puede argöir que todo el aforo está vendido de antemano, por lo que no es necesario programar pensando en la taquilla. No obstante, para una organización privada, que depende en tan gran medida de la fidelidad del público, no deja de ser arriesgada oferta tan singular. La sala no se llenó y a lo largo de la hora y media que dura la composición, se produjo un rosario de deserciones que en algunos momentos resultaron perturbadoras para los que seguían con interés el océano musical que inundó el auditorio. La metáfora no solo hace alusión al título de la obra,…
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