Debe hacer por lo menos diez o quince años que la Orquesta Sinfónica de Montréal no visitaba Barcelona. No recuerdo el programa, pero sí tengo muy presente que en aquella ocasión tocaron el Boléro de Maurice Ravel... ¡de propina! Eran los buenos tiempos en que Charles Dutoit había llevado a la orquesta a alturas insospechadas; los tiempos de las vacas gordas en que los ingenieros de DECCA encontraron en la iglesia quebequesa de Sant Eustache el mejor estudio de grabación, del que salían unos discos que se vendían como rosquillas. Tanto, que la crítica de entonces llegó a afirmar -con buen criterio- que la de Montréal era la mejor orquesta francesa, dijeran lo que dijeran en París. Pero en el año 2002 la relación de Dutoit con la orquesta acabó como el rosario de la aurora, y no fue hasta 2006 cuando en Montréal se aseguraron los…
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