Esto que pasamos a comentar es, más que un concierto, un acontecimiento social en el que confluyen tanto aspectos musicales como todo un complejo de factores extramusicales que tienen tanto o más interés desde el punto de vista de la crítica que el concierto mismo. Fíjense, en primer lugar, en el patio de butacas: a ver a la Berganza no sólo ha venido el público habitual de las grandes noches con ilustres nombres de la alta sociedad musical como Maribel de Falla, sino que anda medio perdido Miguel Ángel Gómez Martínez, disculpándose por los pasillos por no conocer los teatros nada más que desde la trastienda. Garzón, El Juez, ocupa tres o cuatro butacas de privilegio, con elegancia y discreción dentro de lo que cabe. Los críticos buenos (los de medios nacionales e influyentes, me refiero), retroceden unas filas en el patio; los…
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