Por más que Nicolai Rimski-Korsakov, y después su alumno Igor Stravinsky, dejara escrito que no es meritorio para un compositor instrumentar bien, pues es algo intrínseco e inherente a su trabajo: “La instrumentación es creación; y a crear, no se enseña”, no deja de sorprender e interesar como algunos de ellos manejan la orquesta. Está claro que no se puede separar la trama instrumental de ningún compositor de sí mismo: Wagner no sería Wagner; Brahms, Brahms o Rimski, Rimski y un larguísimo etcétera; pero lo cierto es que no todos muestran el mismo talento e interés en eso que se llama colorido orquestal -dado también, no lo olvidemos, por los usos armónicos, de texturas o de dinámicas, entre otros. Y si no, como me dijo una vez el editor de esta revista, ¿para qué escribir al respecto? El ruso es autor de Principios de orquestación, con…
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