Si la memoria no me falla, hace más de treinta años que asistí por vez primera a un concierto dirigido por Lorin Maazel; desde entonces, y debido a uno de esos caprichos del destino que parecen hacer discurrir, unas veces en paralelo y otras en clara divergencia, ciertas etapas de la vida de algunas personas, he tenido ocasión de seguir de cerca, y con detalle, la peripecia profesional de Maazel en sus últimos años en Cleveland y casi todo su tiempo como director titular en Pittsburgh. Entre medias, conciertos y óperas en Viena, Milán, Londres, Salzburgo, Munich...y, curiosamente, pocas, muy pocas de sus múltiples apariciones en Madrid, mi ciudad de residencia.La crónica de las actuaciones del maestro Maazel en España - escribo fiándome de mi memoria - nos habla de continuas irregularidades, alternando interpretaciones de gran…
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