Es siempre un motivo de alegría ver cómo retorna la música (aunque sea de un modo tan efímero) al lugar donde ésta ha vivido sus jornadas más arriesgadas y actuales en una ciudad tan apegada al pasado (y a sus relicarios religiosos, académicos, culturales, orquestales...) como Santiago de Compostela. Me refiero, como no podía ser de otro modo, al Centro Galego de Arte Contemporánea, entre cuyas versátiles dependencias tuvo su sede el Taller Musical del cGac, verdadero laboratorio de experimentación para la música contemporánea en la pasada década de los noventa.Como ya he señalado en distintas ocasiones, aquel ilusionante Taller del cGac, donde la música se desarrollaba como un ente vivo (y no como la habitual exposición de momias clásicas que padecemos en esta ‘reserva espiritual de occidente’), desapareció de una forma un tanto…
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