Hay cosas que no terminan de entenderse, y probablemente muchos aficionados al canto acabaremos dejando este mundo sin haberlas desentrañado del todo. Una de las más misteriosas de la época que nos ha tocado vivir es la fama y ubicuidad de la contralto Nathalie Stutzmann, seguramente el más triste ejemplo de incapacidad para el sonido útil que pueda escucharse hoy sobre un escenario. Lo peor de todo es que a esta señora se la sigue alabando en medios escritos que se tienen por serios, lo que nos lleva a plantearnos temas como la dotación auditiva de estos supuestos expertos o su catadura moral, al tratar de lavar el cerebro al a veces confiado lector como antes hicieron con ellos esas discográficas que les permiten pasar por caja. Sobre estas dos características -sordera crítica y falta de escrúpulos- me inclino a pensar que suelen…
Comentarios