En torno al clarinete se programaron cuatro obras que no se suelen escuchar en público con frecuencia. De hecho, en los más de treinta años que sigo la vida musical madrileña no me acuerdo haberlas visto programado jamás, a pesar de su innegable calidad, particularmente de la de Schubert, una obra maestra donde las hay. Menos mal que la concurrencia a este concierto fue más numerosa que la del que inauguró la serie, y estoy seguro que este mayor público no quedó defraudado por lo que escucharon: la calidad de la interpretación no dejó nada de desear y así pudimos disfrutar de una hora de buena música.La Sonata para clarinete y piano de Poulenc es una de sus últimas obras, murió al año de componerla. Tiene tres movimientos, que en realidad son cuatro, porque el primer movimiento, tras un inicio turbulento desencadena en un Allegretto muy…
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