La memoria musical es arma de doble filo. Por un lado, es necesaria para apreciar y disfrutar de una obra sinfónica de cierta complejidad. En efecto, sin dicha memoria, el cerebro difícilmente interpretaría la multitud de información que le llega a través del oído sobre alturas, timbres, intensidades, ritmos, etc., y el resultado sería un ruido confuso y poco placentero. Y aunque investigaciones recientes sobre la percepción musical parecen indicar que tenemos programados determinados circuitos neuronales para encontrar satisfacción en algunos tipos de concordancias y sonidos armónicos, lo que nos puede predisponer innatamente a gozar de algunas clases de sonidos sin conocerlos previamente, no es menos cierto que nuestra capacidad de percibir la información sonora es limitada, de forma que una orquesta sinfónica, por ejemplo,…
Comentarios