Desde que el hombre es hombre la muerte ha sido una constante entre sus preocupaciones. Toda civilización se ha ocupado de una manera u otra de sus difuntos. Se profese la religión que se profese, o ninguna, siempre ha habido interés en dilucidar qué es eso de la muerte: un final, un tránsito, un principio… A ella se contrapone el goce de vivir: ya nos recordaba Valdés Leal en el siglo XVII lo breve que resulta la vida y un siglo antes, Garcilaso cantaba aquello de “En tanto que de rosa y azucena”. En música dejo al lector la tarea de recordar la inmensa lista que obtendríamos si intentásemos relacionar las composiciones que en la muerte se inspiran, obras que nos permiten, a pesar de lo delicado del tema, un goce estético e intelectual.Entre esas obras, destacarían las dos escuchadas en este concierto. Dos piezas en principio muy…
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