La Comunidad de Madrid debería intentar solucionar sus problemas con las compañías estadounidenses de otro modo. El apartado más conservador (por otro lado el ya tradicinalmente dominante) del festival Madrid en Danza nos ha traído a la Parsons Dance Company. Primero llegó Twayla Tharp hace dos otoños con una propuesta cada vez más ingenua y vacía. Después, en el pasado festival, se presentó la José Limón Dance Company en un estado de decrepitud lamentable. Y ahora David Parsons.El espectáculo no hay por dónde cogerlo. Se trata de una serie de coreografías que se instalan permanentemente en una insoportable ingenuidad que raya la estupidez. Y lo pero es que en esa obsesión por no decir nada, por no plantear problemas y por que nada pueda molestar al público, llegan a ser ofensivos. Asuntos como la glorificación optimista de algo…
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