En algún otro momento he hablado de la tendencia en los programas de conciertos orquestales a acompañar las sinfonías de Mahler con otras de Mozart. No me parece una buena idea, porque de ello se deriva un resultado que consiste en añadir al ruidoso y explícito drama mahleriano, otro drama más sutil pero más demoledor. Es decir, falta contraste. Por eso se me antoja más acertado que a Mahler le acompañe Haydn, siendo como es éste el antídoto perfecto para los desgarros de aquél.
Sin embargo, esta noche no hizo falta tomarse la medicina haydniana con ningún propósito terapéutico, ni siquiera preventivo, porque Fabio Luisi sabía muy bien que el Mahler que le seguía no iba a provocar trastorno alguno. Con la ventaja de que también sabía que las sinfonías de Haydn, por constituir complejos vitamínicos a base exclusivamente de elementos…
Comentarios