Fue San Francisco de Borja quien sugirió a Juana de Austria, una de las hermanas del Rey Prudente, que fundara un convento para clarisas descalzas, el Convento de Nuestra Señora de la Consolación, más conocido hoy en día como las Descalzas Reales. Han pasado cuatrocientos cincuenta años desde entonces y sus muros siguen rezumando un aire de recogimiento piadoso digno de un relato místico de Valle Inclán. Tras los andamios de los restauradores -para quien no lo sepa, el Convento está siendo remozado- el Rey Planeta se asoma en el trampantojo de la escalera. Arquitecturas fingidas e ilusionismo barroco que encuentran su eco en el Salón de Tapices, donde las figuras rubensnianas, encargo de la Infanta Isabel Clara Eugenia, representan, entre columnas salomónicas, la Apoteosis de la Eucaristía.Por una de las puertecillas de cuarterones del…
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