Prefiero hacer una sola crónica de estos dos conciertos del 10 y 11 de junio, porque dos factores son predominantes en estos dos programas: la ejecución de los dos Quintetos y dos Sextetos que escribió Brahms, y el hecho que solistas consagrados, que tienen sus propias carreras brillantes, se juntan para hacer música de cámara, con cierta regularidad, sencillamente para gozar de estas obras excepcionales. Comentaré brevemente las obras de otros autores que completaron los programas: la Passacaglia para violín solo, en sol menor, de Heinrich Ignaz Franz von Biber, fue tocada en violín barroco por el segundo violín del cuarteto. Escrita alrededor de 1678, se basa en una escala de cuatro notas descendentes, sobre las cuales Biber teje variantes, de una riqueza insospechada. Muchas dobles cuerdas, muchos acordes, de una dificultad técnica…
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