Al cumplir diez años, la Compañía Nacional de Danza (CND) atraviesa un momento complicado. Y no tanto porque tenga problemas de organización, financiación, dependencias políticas etc. tan habituales en las compañias de nuestro país (en este sentido sigue siendo ejemplar y poco se puede objetar a su funcionamiento) sino por su edad. Los años han traido una cierta madurez que, paradógicamente, está abriendo un nuevo periodo de cambios. Lo que en un principio fue una agrupación concentrada en introducir una propuesta creativa concreta y contemporánea en nuestro país y que ésta fuera estable y se desarrollara autónoma, es hoy en día, una entidad compleja de difícil definición y objetivos borrosos.La colaboración con coreógrafos no pertenecientes a la compañía que marcó el carácter de la CND y estableció los lazos familiares que sostenían su…
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