No es fácil para un liederista tener que presentarse ante un teatro para afrontar uno de los más populares ciclos de la historia del género cuando la noche anterior acaba de tener lugar otro concierto de lieder del nivel del de Christoph Prégardien, que ya relaté anteriormente en estas páginas. Es posible que esa cierta sensación de frialdad que dejó el presente recital de Stephan Genz -un cantante ciertamente notable en líneas generales- se pueda achacar en gran medida al éxito apoteósico de la cita inmediatamente anterior. Y es que, a priori, Genz lo tiene todo para hacer una Bella Molinera exquisita. Un ciclo que es -casi- todo dulzura y melancolía debe decirse con la contención y la delicadeza que el barítono alemán lo dijo; con esa suave voz lírica que posee, como solo los verdaderos liederistas saben hacerlo. La voz, grata,…
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