Es difícil hablar de crisis en la Orquesta y Coro Nacionales de España (OCNE) tras haber sido testigo de uno de los conciertos, el segundo concretamente, de la serie de tres que abre la temporada oficial de abono 1999/2000. Los músicos parecen sentirse a gusto con la dirección mecánica, reglamentista y prosaica de su director emérito, ante el cual se emplean con menos indiferencia que de usual; el coro se muestra atento y responde con entusiasmo y bastante unanimidad ante las claras y enérgicas indicaciones de la batuta, y el público habitual de estos conciertos de abono reacciona con calor y ciertas dosis de exaltación tras la apabullante descarga de decibelios con que le han obsequiado enérgicamente Rafael Fröhbeck de Burgos y sus huestes. Además hay un sector de la crítica titular de los diarios madrileños, principalmente la más…
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