La ONCA -Orquesta Nacional Clásica de Andorra- se presenta con una formación de cuerdas de 8/6/4/5/3, con alguna reducción en el Concierto de Mozart, y los vientos madera y metal más la percusión de rigor. En la obra de Manuel de Falla intervinieron además el piano y algunos artilugios especiales de percusión. Escuchar a una orquesta sinfónica al aire libre es siempre una aventura sonora muy especial. Y si además el podio se halla rodeado de árboles centenarios, con un castillo iluminado como fondo, el entorno es difícilmente superable. En cuanto a lo sonoro, por supuesto los vientos resuenan mejor que las cuerdas, pero en las obras ejecutadas el balance fue tan bonito -diferente que en una moderna sala de conciertos- que todo el concierto me pareció más bien sacado de un cuento de hadas. Además el clima ayudó: no se movió una hoja, la…
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