La parroquia de Sta. María, de Vilafortuny tiene un patio, rodeado de pasillos con arcadas, muy atractivo y de buena acústica. Fue una buena idea realizar allí un concierto íntimo, a cargo de un matrimonio de músicos de excelente escuela. La cercanía de las vías del ferrocarril, y los ruidos consiguientes, no empañó mayormente el placer de la escucha. La flautista tiene vínculos con Cambrils donde tuvo contacto con uno de sus profesores, el alemán Willy Freivogel, hace años ya, cuando éste actuó en el festival. Es de destacar, ante todo, lo singular de la música del Brasil. Es inconfundible, lo que no es siempre cierto de música oriunda de otros países. Y esto tiene su mérito. Hay algo de nostálgico, ensoñado en sus bonitas melodías, y la forma como éstas se armonizan, junto con un ritmo sugerente, produce un producto final siempre…
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