El espectáculo que presenta dentro del Festival de Otoño tiene algo de arriesgado compromiso con su propia obra. A pesar de estar compuesto por tres obras creadas en momentos distintos, éstas se presentan como un continuo en el que ni el impertinente intermedio logra romper esta unidad temporal. El resultado es algo parecido a un manifiesto que actualiza todas sus propuestas en la experiencia única y perecedera del espectáculo. La estrategia es muy parecida a la utilizada por Cunningham en la famosa película de 1977: cualquier ejercicio de memoria pone en presente todos los hechos relatados, así, que de poco sirve la ficción de una secuencia cronológica de tiempos aislados. Queens/Black Milk y Z/na son una colección de interiores oscuros. Como si se tratara de lugares privados, el espacio se cierra herméticamente y nosotros presenciamos…
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