Había sonado el primer aviso al público pero aún no se permitía su entrada en la Sala Sinfónica. Dentro, al piano, el maestro Volodos, en compañía de sus colaboradores, ultimaba detalles. Había quien curioseaba a través de los cristales, estrechos y alargados, de las puertas. Otros, extrañados, interpelaban a los empleados del Auditorio. Para estos, que han presenciado las extravagancias de divos como Pogorelich, tal demora no era sino pecata minuta. Por fin se abrieron las puertas; la sala se llenó en pocos minutos; el aforo estaba prácticamente completo. Una gran ovación siguió el anuncio de que Volodos dedicaría el recital a la memoria de la recientemente fallecida Alicia de Larrocha. En programa, cuatro puntales del pianismo europeo: Scriabin, Ravel, Albéniz y Liszt.Scriabin en Volodos rezuma visiones; puesto que trasciende sus…
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