España - Galicia

Hermana, seme fiel o muere. Soy un soldado de Rosas

Xoán M. Carreira

miércoles, 14 de octubre de 2009
A Coruña, viernes, 9 de octubre de 2009. Palacio de la Ópera. Massimo Spadano, violín. Marta Matheu, soprano; Albert Monserrat, tenor; José Antonio López, bajo. Coro de la OSG, Joan Company, director. Orquesta Sinfónica de Galicia. Víctor Pablo Pérez, director. Andrés Gaos-Andrés Gaos Guilochón, Suite a la antigua. Andrés Gaos-Joam Trillo, Fantasía para violín y orquesta, op. 24. Andrés Gaos-Joam Trillo, Amor vedado, ópera en un acto y siete escenas sobre libreto de Andrés Gaos. Aforo, 1700 localidades. Asistencia, 60 %
La conmemoración del cincuentenario del fallecimiento de Andrés Gaos (A Coruña, 1874; Buenos Aires, 1959) en su ciudad natal se cerró con el estreno mundial de su única obra lírica, Amor vedado, según la edición libre del compositor gallego Joam Trillo, autor de la revisión de la mayor parte de su obra orquestal. Gaos es un compositor muy apreciado por el director Víctor Pablo Pérez, quien lo programa e interpreta regularmente con especial afecto y ha sido el promotor del estreno de Amor vedado y de buena parte de las iniciativas y proyectos del año Gaos. Entre ellos una nueva monografía sobre el artista a cargo de Julio Andrade que está previsto publicar antes de que finalice 2009. Por su parte, el Conservatorio Superior de Música de A Coruña ha bautizado su nuevo auditorio con el nombre de Andrés Gaos el pasado 10 de octubre.

Víctor Pablo Pérez, quien ya había  grabado con la OSG la Suite a la antigua de Gaos en 1995 para el sello Arte Nova, nos ofreció en esta ocasión un arreglo de la misma obra, ampliado en un movimiento más, 'Canone', orquestado por el hijo menor del compositor a partir de un número de las Miniaturas para piano (Montevideo: 1898), de las que Andrés Gaos extrajo su Suite a la antigua. Como acertadamente señala Julio Andrade en sus notas al programa, esta hermosa obra para orquesta de arcos el joven Gaos rinde un homenaje a su admirado Edvard Grieg, con quien compartía una singular capacidad lírica. Una vez más, Víctor Pablo realizó una espléndida interpretación de la Suite a la antigua, a la que los añadidos y arreglos actuales desequilibran a ojos vista.

La Fantasía para violín y orquesta es el arreglo de un Allegro para violín y orquesta (Buenos Aires: 8 de mayo de 1903) a la moda de la Belle Époque de las obras concertantes con gran orquesta en un único movimiento, cuyo paradigma es el Poème op. 25 (1896) de Chausson, dedicado a Ysaye. Massimo Spadano es un buen conocedor de los códigos retóricos de la época y acertó con la exacta sensibilidad que precisa esta linda obra, contando con un atinado acompañamiento de Víctor Pablo, quien ya había grabado la obra en el mencionado disco de 1995. Es una pena que no dispongamos de la versión original de Gaos y que la resolución de la obra haya sido realizada de manera tan simplona y fuera de estilo por su arreglista, Trillo. Por lo que se refiere a la hipótesis de que este allegro fuese parte de un inconcluso concierto para violín, no existe ningún documento o prueba que lo avale. Lo cierto es que fue estrenada como obra autónoma y así hemos de considerarla mientras nos aparezcan nuevos datos.

Amor vedado (Buenos Aires, ca. 1915) es la única incursión de Andrés Gaos en el género lírico. Las otras obras que figuran en su catálogo como zarzuelas o comedias musicales, son en realidad música incidental para dramas mediocres de la temporada teatral bonaerense de 1919-20. Amor vedado es una ópera en un acto compuesta, probablemente, con la esperanza de que fuese programada junto a uno de los grandes títulos de óperas cortas del momento, como Cavalleria Rusticana, Pagliacci, La Rondine, Andrea Chenier, o el ballet italiano Excelsior. No tenemos ningún dato acerca ni de la fecha de composición ni de las circunstancias de la misma, aunque parecen circunscribirse al período 1912-1916 y al Teatro Colón de Buenos Aires. Es decir, a los años siguientes a la celebración del centenario de la independencia argentina, en medio de un ambiente político enrarecido por la crisis económica y social, con fuertes sentimientos nacionalistas y xenófobos.

El sentimiento nacionalista argentino del momento estaba matizado por un fuerte componente hispanista que privilegiaba a  la clase alta -castellanos y vascos principalmente- cuyos apellidos contribuían al mito del pasado común colonial idílico que deseaban construir los teóricos del Partido Patriótico. Igualmente sucedía con los italianos monárquicos, que merecían respeto social. Por el contrario, los emigrantes del sur de Italia o los gallegos -llegados en barco para trabajar en tareas modestas- eran objeto favorito de la desconfianza social y de la xenofobia. Una excelente forma de integración para un extranjero como Gaos, era el éxito en el Teatro Colón, como lo había obtenido el italiano Pascual de Rogatis (Italia, 1880; Buenos Aires, 1980) con sus óperas Anfión y Zeto (1915) y Huemac (1916), esta última con un argumento indigenista dirigido precisamente a conseguir la redención de su pecado original como "tano" [despectivo de italiano] e integrarse a todos los efectos en la sociedad porteña, como efectivamente el maestro Rogatis consiguió.

Amor vedado intenta reunir todas las claves de ese lenguaje de redención: transcurre en el Tucumán durante la revolución de mayo; don Lucio es un ferviente patriota que canta una larga aria con todos los tópicos al uso, Arturo es un soldado del ejército del general Rosas, y Laura es la encarnación de la hacendada argentina; los campesinos los adoran y cuando regresa Arturo de la batalla entonan con él una parodia del 'Ritorna vincitor' de Aida ...

Pero Gaos cometió el error de escribir él mismo el libreto de su ópera, careciendo de cultura literaria y de talento dramático, además de no poseer la menor experiencia lírica y el resultado fue totalmente catastrófico. La historia de un amor incestuoso entre hermanos que acaba en crimen pasional ya es bastante grotesca, pero cuando viene soportada por versos ripiosos y lenguaje rimbombante se transforma en risible. La estructura dramática es inexistente y el único punto de interés, la proyección de la película de un desfile militar acompañado de una banda sull palco, desaparece en la versión de concierto que escuchamos en Coruña; la escritura vocal es forzada y prosódicamente se adapta mal al castellano, se priman las arias sobre los números de conjunto e incluso en estos se tiende al diálogo sobre el concertante. En la parte orquestal figuran algunos momentos apreciables que no bastan para compensar las graves deficiencias estructurales y estratégicas de la obra. Amor vedado nunca fue aceptada por ningún teatro y, tras su estreno, parece improbable que le interese a ningún otro.

José Antonio López tuvo que afrontar un papel con enormes dificultades en el registro agudo que no reportaban la menor gratificación estética. Haberlo superado lo honra. No menos ingrato es el rol de Arturo que puso de manifiesto la tendencia a la nasalidad de Albert Montserrat, quien tiene que cantar constantemente en posiciones incómodas y a menudo tapado por la orquesta. El mayor lucimiento recayó en Marta Matheu, cuya parte vocal está mejor realizada -la esposa de Gaos era soprano, además de violinista-. Matheu, además de mostrar un gusto exquisito y una buena escuela de canto, exhibió un fino sentido del humor cuando le tocó realizar los "homenajes" a conocidísimos pasajes del gran repertorio operístico franco-italiano que Gaos tuvo a bien integrar en el rol de Laura.

El coro de la OSG, en sus puntuales intervenciones, demostró su habitual seguridad, recompensada por los aplausos del público cuando salió a saludar su maestro Joan Company. El director Víctor Pablo Pérez, alma mater de la recuperación, conoce perfectamente la partitura y supo poner de relieve los mejores valores de la partitura al tiempo que solventaba en la medida de lo posible sus defectos. El balance dinámico, como antes he comentado, es el punto más delicado de la partitura que se nos ofreció -ignoro si es así en el original de Gaos- y Víctor Pablo no siempre pudo evitar que la orquesta sonase excesiva. Ha de tenerse en cuenta además que cualquier afirmación de este tipo es relativa en una sala como el Palacio de la Ópera, cuya acústica es muy 'complicada'.

Al margen de otras consideraciones, creo legítimo plantear un debate como colofón de este año Gaos. Siendo unánime la opinión sobre la competencia técnica de Gaos como compositor y sobre la belleza de su música, ¿por qué en vez de interpretarse sus obras tal y como las compuso, se nos ofrecen sistemáticamente en arreglos de estilo anacrónico y gusto cuanto menos dudoso? ¿Acaso Gaos no forma parte del patrimonio cultural hispano-argentino y cómo tal, no tiene derecho a la integridad de su obra?

Los arreglos de obras artísticas tienen sentido y son legítimos. Las meninas de Velázquez o La Gioconda  de Leonardo da Vinci han dado lugar a numerosas versiones e incluso a otras obras maestras. Pero, ¿se imaginan que se nos hurtara el conocimiento de los originales y se nos permitieran sólo las versiones? Pues eso es lo que está pasando con Gaos

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