El clarinete, aerófono de la familia de viento-madera, con lengüeta simple, procede de un antiguo instrumento popular francés, el chalumeau. Los sucesivos perfeccionamientos en los siglos XVII, XVIII (en que se incorporó a la orquesta) y XIX, lo sitúan en un lugar privilegiado en cualquier orquesta. Además, posee una especial belleza tímbrica, rica en matices y en posibilidades expresivas, y una enorme agilidad (en la que sólo le igualan la flauta y el violín) capaz de emitir matices extremos en cualquier registro, así como una gran extensión (el clarinete soprano en si bemol alcanza más de cuatro octavas, y el moderno clarinete bajo ampliado en si bemol sobrepasa las cinco octavas). Incluso ostenta una severa y contrastante hermosura visual (esa combinación del color negro -generalmente de granadilla -madera negra africana- aunque se…
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