Tal como suponía Javier de Frutos en su Golden Imposibility, la danza moderna estaba poblada de sillas. Pero, al igual que sucedía con la de El Peregrino de Robert Rauschenberg, eran sillas para no sentarse. Ha pasado el tiempo y la silla ha sido sustituida por el sofá. Como un síntoma más de nuestra época, aquel mueble intocable e impracticable se ha transformado en un lugar híbrido a caballo entre el dormitorio y el salón que, ahora sí, está ahí para ser utilizado. En el sofá dormimos, comemos, follamos, vemos la tele, pero también recibimos a las visitas, esperamos el turno del dentista o cerramos un negocio(en ningún despacho que se precie falta un sofá). Así, en este nuevo mueble todo se mezcla. Por eso no cabe no usarlo o convertirlo en un objeto mítico intocable. El sofá es el escenario de nuestra vida. Dejar de usarlo…
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