Querida Lilya:Este miércoles te he vuelto a ver. Allí estabas, sí, no nos engañaba el programa. Comenzaba un ciclo de conciertos basado sobre todo en grandes nombres, en grandes artistas, y tú eres la primera. Desde el principio noté que venías bien acompañada, por la obertura que anunció tu aparición. Buen equilibrio, buenos matices, buenas intenciones en el Egmont de Beethoven. No dejaba de sorprendernos la disposición de la orquesta: violines a ambos lados del director, contrabajos tras los violines primeros, trombones tras los segundos, trompas con la madera.Querida Lilya, entonces apareciste tú, inmersa en tu sencillez para tocar el Tercer Concierto de Prokofiev. No es una obra fácil, ni mucho menos, hay que tener una técnica sin fisuras ya que el concierto recoge todas las dificultades pianísticas: escalas, arpegios, saltos,…
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