Creo que poder emocionarse, poder descargar las emociones en una velada musical, sea cual sea, es un factor primordial para decretar el éxito incontestable de un concierto. En el regreso de Edita Gruberová a Oviedo, casi tres años después de su última visita, emoción de la de verdad hubo, y mucha. Casi sobre la última nota del concierto, la práctica totalidad del Auditorio Príncipe Felipe se levantó de sus butacas bramando gritos de ‘Brava’ de forma fervorosa durante varios minutos. Cualquier análisis sobre lo que pasó el 12 de Octubre, debe empezar con este hecho que lo resume todo: hubo pasión y emoción, y solo cuando hay pasión y emoción aparece la ópera con mayúsculas, la ópera de verdad a la que hace referencia el titular de esta crónica. Volvió a quedar demostrado una vez más que, por lo que pasa tanto en el escenario como en el…
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