En el mundo de la interpretación existen tres especies. Una especie posee unos medios técnicos envidiables pero un escaso repertorio de recursos expresivos, formales e interpretativos: es decir, pueden llegar a tocar diez mil notas por minuto pero son como témpanos de hielo. Son los comúnmente llamados tocones en el peor sentido de la palabra. Sus nombres no los citaré, si querían ejemplos, ya que son fáciles de olvidar. Una segunda especie, posee una gran inteligencia y unas ideas luminosas, pero su nivel técnico no sobresale de la media. Si bien, en el mundo de la interpretación lo tienen un poco crudo, acostumbran a encontrar ubérrimos campos en la dirección de orquesta o incluso en la composición si aciertan a encauzar sus ideas. Y por último tenemos la conjunción de ambos talentos: técnica e inteligencia: cuando esto sucede podemos…
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