Cuando hablamos de música clásica citamos un amplio repertorio de obras que constituyen la base del contenido habitual de los programas de concierto. Composiciones las cuales, pese a lo recurrido de su escucha, nunca serán conocidas definitivamente del todo, porque precisamente la calidad de sus contenidos, unido a la experiencia y bagaje cultural del interprete y del escuchante, posibilitan una constante regeneración de las mismas, sometidas siempre al plus de actualidad que les otorga las sucesivas y diferentes interpretaciones.Cada trascripción escuchada en una sala de conciertos nos permite apreciar también las cualidades de sus intérpretes; no solo desde el punto de vista de su posible destreza o impericia técnica per se sino, sobre todo, desde lo más esencial: su capacidad de transmitir ciertos detalles o aspectos de la obra que…
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