Puede decirse que el Concierto para violín nº 2 de Bohuslav Martinu no es una obra de repertorio (de hecho, pienso que esta interpretación puede haber supuesto su estreno en Valladolid). Sin embargo, imbricada en esta velada musical como protagonista absoluta de la primera parte, se resaltó su innegable calidad y capacidad para sorprender continuamente al que la escucha, máxime cuando quien se lleva la parte del león es un violinista llamado Frank Peter Zimmermann, un verdadero lujo para cualquier escenario. A su reconocida virtud de tocar con una especie de naturalidad desarmante, sin aparente esfuerzo (y este concierto no está compuesto precisamente para un principiante), se unen algunas características que la obra agradece sobremanera, a saber: intachable entendimiento con el director y la orquesta, que se desenvolvieron en cotas…
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