Las grandes obras requieren grandísimos intérpretes. Sólo las orquestas verdaderamente experimentadas pueden lanzarse a la Sexta de Mahler. Confieso sentir cierta predilección por esta sinfonía de soberbia arquitectura y temas líricos y fogosos. Ivan Fischer eligió la alternativa de tocar el Andante como segundo movimiento y no como tercero como viene siendo habitual. El propio Fischer justificaba el cambio de orden en el programa de mano, alegando que busca más el contraste que la continuidad. Su búsqueda de una concentración en la estructura general de la obra fue patente, impidiendo además la insana costumbre del público madrileño de las toses estereofónicas entre movimientos. Ya era hora.El primer movimiento fue todo un acierto en el tempo la acentuación y la creación de atmósferas que construyó una tensión ascendente hasta la coda…
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