Este concierto extraordinario fue, desde el mismo momento del conocimiento de su existencia, un acontecimiento esperado por muchos debido a que en el mismo se iban a dar la conjunción de dos elementos que por sí solos suponen un reclamo suficiente para cualquier melómano. Íbamos a asistir a la interpretación de uno de los mejores -sino el mejor- concierto para violín escrito hasta ahora, de la mano de un intérprete excepcional como es Benjamín Schmid. Un músico a quien se le echaba de menos en la programación de la temporada de la OFGC de este año, después de la huella indeleble dejada tras sus anteriores apariciones en el Auditorio Alfredo Kraus. Sin embargo, en esta ocasión, las expectativas creadas en torno al binomio obra-intérprete no fueron satisfechas del todo, algo se obvió, algo se quedó atrás en el camino, el factor…
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