Un programa muy atractivo, con obras que proporcionan mucho placer al oyente (y, por qué no, a los ejecutantes), presentó a nueve violistas, seis mujeres y tres hombres. Sucede lo mismo que con el violín: las mujeres son, cada vez más, mayoría en materia de cuerda alta, por los motivos que ya expliqué en mi reseña de uno de los conciertos de los alumnos violinistas [leer reseña]. Solamente mencionar aún que la viola, por su registro una quinta más baja que el violín, tiene un sonido que se parece más a la voz humana, y como posible consecuencia de ello, suele haber más expresividad por parte de los violistas: menos virtuosismo, menos alarde, mayor presencia de la música propiamente dicha. Este programa tuvo esto en cuenta, y el resultado fue, francamente, encantador. Excepto en las Sonatas, los violistas tocaron de memoria. Carl Stamitz,…
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