El que nos ocupa fue otro buen concierto de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León y su titular, Lionel Bringuier. El director parece encontrarse a gusto con el grupo, aunque a veces da la sensación de que no llega a los resultados que se merece su talento, quizá por cierta premura en los ensayos –intuyo-. Un ejemplo de esto puede ser la interpretación del Concierto para piano de Aram Jachaturián, en la que la coordinación pianista-orquesta dejó que desear: por ejemplo, en el tercer movimiento a Jean-Ives Thibaudet le resultaba imposible seguir el -en mi opinión adecuado- tempo impuesto por Bringuier, y en las partes más explosivas al pianista se le veía congestionado e impreciso. Claro, las cualidades de Thibaudet son otras, y logró dar la vuelta a la típica concepción ‘brillante’ de la obra con su maravillosa sutileza y capacidad…
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