Ignoro si es porque se trata del primer concierto del CDMC en 2010, o por el interés que suscita el programa o la actuación del Octeto Ibérico de Violonchelos, o por la colaboración de la cantante Elena Gragera: el hecho es que nunca antes he visto tanta afluencia de público a un concierto de música contemporánea. La cola, esperando la apertura de la sala a las 19 horas, penetró profundamente en el amplio patio del Museo, donde dio media vuelta al recinto. Resultado: ante el aforo limitado a los 450 asientos que tiene el Auditorio 400, los organizadores se vieron en la obligación de cerrar el acceso a unos 150/200 interesados (cifra aproximada), que ya no cabían. Es la primera vez que presencié semejante hecho, y es, en rigor, un signo muy positivo. El programa constó de cinco obras, de las cuales cuatro eran de compositores españoles o…
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