En la página web de la Filarmónica de Nueva York está colgado un vídeo en el que se ve a unos cuantos instrumentistas de la orquesta en el restaurante gallego más afamado -y más caro- de Barcelona, metiéndose entre pecho y espalda una mariscada de padre y muy señor mío. Buena falta les hacía en la víspera del comienzo de una tournée que les llevará a dar tumbos por Europa durante dos semanas. Y buen provecho les hizo, a la vista del resultado del concierto. Una visita de los New-Yorkers siempre es un acontecimiento en el cada vez más preocupante páramo sinfónico barcelonés. Y la de esta noche tenía, además, dos atractivos añadidos. Por una parte, el programa: basta echar un vistazo al cartel para adivinar que no estaban buscando el éxito fácil con el repertorio de siempre. Al contrario, casi se diría que pretendían que nos fueramos a…
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