Cuando el Teatro de La Zarzuela decide programar sucesivamente dos zarzuelas grandes de dos de los compositores líricos españoles más relevantes de la segunda mitad del siglo XIX, resulta del todo inevitable la comparación. Así las cosas, los siete años que median entre Jugar con fuego que inaugura en 1851 el género zarzuela grande y El juramento de Gaztambide son, en términos líricos, una verdadera eternidad que juega a favor de la obra más joven. Al margen de que Gaztambide sea un músico más fino que Barbieri en la hilanza de la materia musical y de que Luis de Olona haga una comedia mucho mejor enredada ?tan previsible como es el género? pero más ricamente trabada y mejor concluida que el arreglo de comedia francesa que es este Jugar con fuego firmado, no sin polémica, por Ventura de la Vega, lo cierto es que el resultado final es…
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