El bien ganado prestigio de Riccardo Muti, sus años como director del Maggio Musicale Fiorentino, los que estuvo al frente de la Philharmonia Orchestra, de la orquesta de Filadelfia o sus diecinueve años al frente de la Scala, no fueron suficiente reclamo para llenar el Pazo de Congresos de Santiago. Y eso que llegaron refuerzos de otras localidades gallegas. En cualquier caso, no está mal del todo llenar un 85 ó 90 % del aforo en un local como ése, con un aforo de 2100 plazas, muy grande para un concierto en una ciudad del tamaño de Santiago. Y no precisamente el mejor por su acústica, de todo punto inapropiada: el sonido no se proyecta bien desde el escenario y la orquesta suena como si hubiera una barrera protectora. Bien diferente habría sido si el concierto se hubiera celebrado en el Auditorio de Galicia, con unas condiciones…
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