La Sinfónica de Chicago pisó tierra española para dejarnos la mejor música y llevarse grandes ovaciones. De los programas que interpretaron, ambos muy interesantes, no puedo sino alabar su interpretación de la Quinta sinfonía de Mahler, que para muchos marcará ya un referente tanto por el sonido de esta orquesta, brillante y majestuoso, como por la prestancia de su director titular, Daniel Barenboim. Es admirable como se consiguió una perfecta concepción de cada uno de los movimientos, sin perder la línea progresiva de la globalidad de una obra tan hermosa. Destacó el segundo movimiento, por su densidad, algo voluptuosa y atormentada, sin poder desdeñar nada de los otros movimientos que no tuvieron más que aciertos (exquisito movimiento bailable en el tercero, dulzura de la cuerda en el adagietto). Barenboim deja fluir el discurso…
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