Está visto que más nos vale andarnos con pies de plomo. Yo me había hecho la firme propuesta de no atormentarles con mis sospechas y temores a propósito del festival Madrid en Danza y había pasado por alto la sugerencia del editor de esta revista (quien, dicho sea de paso, no ceja en su intención de maleducarme publicando todo lo que le mando e incluso incitándome a que escriba más) de que escribiera un comentario general sobre el mismo. Sin embargo, mi propósito de ser prudente no ha resistido el tercer espectáculo del festival al que he asistido y llegados a este punto no puedo evitar ponerme pesado de nuevo con algunas quejas. Madrid en Danza, en su decimo quinta edición, se ha convertido en una mole inabarcable. Al margen de cualquier criterio de programación basado en una reflexión seria y profunda sobre lo que es la danza en España…
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