La combinación del violín y del violoncello como instrumentos solistas, a dúo, arranca relativamente tarde. Brahms compuso su concierto para estos instrumentos en 1887, hacia el fin de sus días. En el clasicismo, el violoncello hacía de bajo continuo, pero no asumía funciones de solista. Pero la sonoridad que los dos instrumentos son capaces de producir, tocando dúo, fue finalmente decisiva para que muchos compositores del siglo XX dedicaran a ellos una serie de obras, y el interesante programa que nos ofrecieron los hermanos Capuçon, en versiones meditadas y primorosamente ejecutadas, lo corroboró. Confieso que oí todas las obras por primera vez, pero yo -al igual que el numeroso público- pude gozar de esta música casi desconocida con gran placer, placer aumentado por la excelente acústica de la sala. Con buen criterio, el escenario…
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