Resultan ya poco frecuentes las ocasiones que se presentan de asistir a un concierto cuyo programa se centra exclusivamente en obras del repertorio del clasicismo vienés. Si exceptuamos determinados festivales y conciertos puntuales celebrados en tierras austriacas y de Centroeuropa, lo normal es que esta música -cuando tiene la fortuna de ser programada- suela acompañarse de otras obras de aparente más ‘calado social’, pertenecientes estas al repertorio del romanticismo y post romanticismo europeo sin olvidar, como no, la inevitable presencia de piezas de nueva creación.Debe de parecer a nuestros programadores -cuando no es responsabilidad directa del director de orquesta- una auténtica temeridad diseñar el contenido de un concierto compuesto exclusivamente por sinfonías clásicas -aunque estas vengan firmadas por un Mozart, un Schubert…
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