Vuelve la Filarmónica Checa a Valladolid después de su visita hace unas temporadas con La novia del espectro, de Dvořák; esta vez con la Sinfonía nº 10 de Mahler, en la siempre disfrutable versión de Deryk Cooke. Se trata de un tipo de repertorio donde, sin coro ni solistas como la otra vez, la orquesta está totalmente expuesta y puede lucir todos sus puntos fuertes, que en este caso superan por goleada a los débiles.Un grupo instrumental de la fama y la tradición de la Filarmónica Checa por fuerza ha de exhibir acusada personalidad. Como ocurre en el caso de los cantantes, muchas veces un sonido netamente reconocible es más importante para el éxito que la perfección técnica, a la que –en el caso de las orquestas de nueva creación– cualquier sala de conciertos u ópera puede acceder con criterio, algo de tiempo y dinero (estoy pensando en…
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