A la hora de comentar determinadas composiciones hay frases condenadas a repetirse sin remisión, como aquella de Wagner que tildaba de apoteosis de la danza a la Séptima de Beethoven. También Boulez lanzó la suya respecto a la obra de Debussy que abría el programa del pasado martes: "la flauta del Fauno inaugura una nueva respiración en el arte musical". La aseveración es plausible, el Fauno verdaderamente abre las puertas a la música del siglo XX. Pero sin conjeturar sobre las consecuencias de esta magistral partitura y centrándonos en su propia identidad, en su propia respiración, habrá que indicar que la primera toma de aire de la flauta del Fauno es tan reveladora que a veces se cierra en sí misma: hay versiones que parecen ya acabadas en el quinto compás. La dificultad está, pues, en darle continuidad a esa primera respiración, hay…
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