¡Atención, se rueda! Claqueta, focos, luces, movimiento.Se abre el telón y un dichoso escenario sacado de una película de Fellini inunda el auditorio. Al estilo del balneario donde Thomas Mann supo ver una ‘muerte veneciana’, pero al compás de una música muy diferente de ‘la Quinta de Mahler’. Se nos presenta una ilusión colorística y una envolvente secuencia para una historia simple, sencilla y entretenida.Un discurso argumental que no nos lleva a debatir grandes verdades aunque ennoblecido por números musicales donde el melodismo de Serrano triunfa y sabe entretener perfectamente al público, al compás de charlestón, canciones napolitanas y aquellos tipos que tanto gustaban a la sociedad española del momento.¡Qué encantadora la puesta en escena! ¡Qué inteligentes los movimientos escénicos! Continuos a lo largo de la obra, dotaron a esta…
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