Esta velada musical estrictamente francesa en cuanto a solistas, director y autores en principio puede hacer sospechar que el joven titular de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, Lionel Bringuier, "barre para su casa" sin ningún complejo. Una vez escuchadas sus interpretaciones de las obras de Poulenc, Schmitt y Ravel debo admitir que no me importa en absoluto, porque el resultado fue, una vez más, notable.En Ravel, Bringuier a veces parece demasiado contundente. Añade decibelios a su gusto, lo que en ocasiones (dependiendo de la obra y el día) puede resultar molesto. El mayor problema de ello estriba en que, como ocurrió en la Alborada del Gracioso, existen dificultades para ligar los crescendi cuando comienzan en la cuerda y culminan en metales y percusión. Los violines volvieron a sonar débiles en esta obra y no parecen dar…
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