Finalmente parece que la era menemista ha concluído. Sin embargo, sólo podemos decir que parece porque la realidad, como casi siempre, discurre por otros caminos, distintos de los que suele imaginar el ciudadano común. En efecto, el votante esperanzado es aquel que sueña que al día siguiente de las elecciones se escucharán trompetas celestiales y los condenados por el voto adverso se precipitarán a los infiernos. Es cierto que el presidente electo ha derrotado al peronismo en el poder, lo que hasta ahora nunca había ocurrido. Pero también es cierto que su accionar se verá de hecho limitado por circunstancias tales como una Corte Suprema con mayoría de jueces adictos al régimen actual, un Senado con mayoría opositora, una Cámara de Diputados sin quorum propio, catorce provincias con gobernantes elegidos recientemente que responden al…
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