Toda obra y todo artista verdaderos llevan en sí el germen de la aspiración a la permanencia: de convertirse en “clásicos” en el sentido más amplio. Una permanencia que, en los incontables milenios del Universo, basta con que sea de décadas (o, el colmo, de siglos). No más; pero menos significa pobremente una simple moda.El Atelier Gombau, una formación de cuerda de unos quince miembros muy estimable, dirigida por Carlos Cuesta, nos dio, impecablemente, la ocasión de comprobar (o colegir) cuáles de las cuatro obras interpretadas eran, o podían llegar a ser, “clásicos”. En la primera parte la orquesta de cámara apostó a caballo ganador. La breve Obertura para cuerdas (9 min) de Witold Lutoslawski (1913-1994) es de 1949: los 36 años del autor aún cargan con la influencia de Bartók, entre otros. De aliento trágico (1949, un polaco de…
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