Bajo el título París en los noventa, el Ensemble Sillages nos ofreció un programa cuidadosamente diseñado en torno al tan veterano como exquisito quinteto Treize couleurs du soleil couchant (1978), una obra inusualmente 'cálida' de Tristan Murail, para la cual el propio compositor reclama muy justamente la etiqueta 'simbolista' como alternativa a la obvia tentación de calificarla de 'impresionista', Murail cree que en Treize couleurs du soleil couchant "puede escucharse fácilmente la sucesión de trece colores [toda vez que] del fenómeno natural de la puesta de sol, es la estructura, la evolución temporal la que se retiene: la forma por la que el color y la luz evolucionan, se transforman, rápida pero imperceptiblemente: metamorfosis insensibles que conducen a capas de colores." No eran, ciertamente, tiempos tranquilos los que corrían en…
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