Dos aspectos a la vez opuestos y complementarios se conjugan en el desempeño de un intérprete de rango: el virtuosismo y la introspección. Es decir, por un lado, la capacidad para realizar proezas de extrema dificultad en el instrumento; por otro, la sensibilidad que induce al escucha a adentrarse en la intimidad y la quietud.A menudo, estas cualidades se entrelazan en una misma obra; a veces, la obra tiende a excluir una u otra de ellas.El recital del distinguido pianista ruso Kirill Gliadkovsky, ahora radicado en los Estados Unidos, ejemplificó en parte este aserto, en ocasión de la apertura del vigésimo Festival de Música Credomatic, el sábado 14 de agosto, en el Teatro Nacional (TN).Primera parte Estos aspectos se equilibraron en la pieza inicial, la Sonata en mi menor opus 7 (1865), de Edvard Grieg (1843-1907), el principal…
Comentarios